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Grande o pequeña, la ciudad del futuro será sobre todo inteligente

25/02/2011

Madrid, hora punta del año 2030. El conductor no sabe que se está ahorrando el tedio y los nervios de los atascos gracias a un centro de control que maneja los hilos de los semáforos. Estos cambian al ritmo de la congestión, ofreciendo a los vehículos recorridos alternativos a las zonas de embotellamiento.

Ese vehículo que apenas nota la presión de sus compañeros de asfalto es eléctrico, seguramente puro, es decir, ya no necesita mezclar en su motor combustibles de origen fósil (gasolina o diésel) con electricidad. Así se deja de emitir dióxido de carbono a la atmósfera (mientras provenga de fuentes de energía renovable) y se evita que los ciudadanos respiren partículas de óxido de nitrógeno que hoy exhalan los vehículos diésel y que aumentan la mortalidad por problemas respiratorios.

Estas son algunas de las piezas del puzle de la ciudad del futuro, donde vivirá el 60% del total de la población mundial. En un contexto eminentemente urbano, con millones de personas compartiendo prácticamente el mismo espacio físico que en la actualidad, los expertos auguran que será necesario abordar la ciudad como un todo interconectado, “donde la escasez de recursos y la creciente población obligará a gestionarla de forma más sostenible”, explica Francisco Rincón, responsable de la división de ciudades de Siemens.

El gigante alemán Siemens, presente en 192 países, registra cada vez mayor demanda de servicios inteligentes para ciudades de todas las latitudes del globo. Salud, energía e industria son las tres patas de la división de la compañía dedicada en exclusiva a soluciones urbanas.

¿Qué necesita la ciudad del futuro? “Mejor calidad del aire, mayor calidad del agua, infraestructuras”, añade Rincón. Todo, de forma interconectada.

El transporte será la piedra angular de estos países en miniatura que llevarán la palabra sostenible tatuada en sus servicios para atraer capital humano, innovación, talento y personas que quieran vivir en los entornos urbanos.

Los autobuses híbridos pueden ahorrar hasta el 30% en combustible diésel y en emisión de CO2.

Los países cuyas medidas de transporte sostenible aún balbucean miran a sus vecinos de Reino Unido y Alemania para imitar buenas prácticas. Las grandes ciudades germanas filtran los vehículos que pueden entrar a partir de la primera corona en función de la calidad de sus combustibles y de la antigüedad de los vehículos. Cuanto más antiguos, menor es el acceso. Para los coches diésel, solo tienen permiso aquellos que lleven catalizador. Londres sigue este mismo esquema y además ha impuesto un peaje para el acceso de los vehículos al centro de la ciudad.

Menos coches, más carriles bici, extensión de vías de tranvía y tren de alta velocidad para conectar ciudades es el esquema de movilidad que ya se está fraguando.

La gestión energética será crucial para mantener la creciente demanda de electricidad. Sistemas de climatización y de calefacción necesitarán tecnología e innovación para gastar menos y ofrecer el mismo nivel de confort a los urbanitas. En este sentido, empresas como Philips ya están apostando por sistemas de alumbrado público que ahorran hasta el 80% de energía respecto a los sistemas precedentes.

La pequeña revolución se llama led (diodo emisor de luz, en sus siglas en inglés) y los expertos auguran que su uso será crucial para aliviar el derroche energético en el alumbrado y ofrecer mayor bienestar a los ciudadanos, ya que la contaminación lumínica es una de las más acuciantes. La compañía ha abierto a las afueras de Lyon (Francia), la reproducción de una ciudad a tamaño real, abierta a la visita de alcaldes y arquitectos de todo el mundo, para ver las últimas innovaciones en alumbrado público. Cada año recibe 3.000 visitas.

El debate que está generando la ciudad del futuro no pone en duda que vivir en un entorno urbano ofrece mayor acceso al conocimiento y a la educación que los entornos rurales, pero sacarle provecho dependerá de una apuesta por la innovación que permita crear espacios cohesionados y cercanos a las necesidades de los ciudadanos. La ciudad del futuro necesitará además mayor participación ciudadana, construirla de abajo hacia arriba.

Málaga, ejemplo de astucia

El modelo de Málaga está empezando a tener muchos adeptos. La ciudad se ha erigido en ejemplo de liderazgo en ciudades inteligentes de la mano de un consorcio de empresas españolas y extranjeras formado por Endesa, Enel, Acciona, IBM, Sadiel, Ormazábal, Neo Metrics, Isotrol, Telvent, Ingeteam y Greenpower. Estas compañías se han unido en un proyecto pionero para una integración óptima de las fuentes de energía renovables en la red eléctrica.

El proyecto pretende el ahorro del 20% del consumo energético de la ciudad, y de paso demostrar la viabilidad de concentrar en un único núcleo urbano todo un abanico de tecnologías avanzadas y sostenibles.

Smartcity, como se llama el experimento, acercará la generación de energía al consumo mediante la instalación de paneles solares en los edificios públicos, el uso de microgeneración eléctrica en hoteles o el desarrollo de sistemas de energía microeólica.

Las cifras

60% de la población mundial vivirá en un entorno urbano a medio plazo.

80% de gasto energético ahorran las bombillas de tecnología led (diodo emisor de luz).

30% de combustible diésel pueden ahorrar los autobuses híbridos.

Fuente. Cinco Días

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